Reportaje por: Javier CHAVANEL / Luis Miguel MONTERO

27/08/07
“Tenemos a una niña de trece años en tratamiento”, cuenta Encarnación Rando, presidenta de la asociación Madres Contra la Droga de Cantabria. Trece años. Las alarmas se encienden cuando aparece una víctima tan joven de la marginación. Quizá por eso este año la Policía ha intensificado la vigilancia en el barrio de Río de la Pila, de Santander. Pero ese es sólo uno de los numerosos guetos eternos de delincuencia en España.

Interior ha reforzado este verano la seguridad en las áreas turísticas españolas con 4.000 guardias y policías, destinados a zonas hoteleras, lugares de afluencia masiva. Cuando el operativo finalice, el 30 de septiembre, pocos de esos agentes habrán paliado la inseguridad y la miseria que se sufre en otros barrios, zonas no recomendables. Sus habitantes se quejan del botellón, las peleas, el narcotráfico, la prostitución callejera, los atracos, el imperio de las mafias, el hacinamiento de los inmigrantes ilegales y el daño que la violencia y el delito cotidiano causan en los niños. Estas calles malditas no aparecen en las guías turísticas. De estos lugares no se ha hablado demasiado durante la campaña de las elecciones municipales. Son guetos que resisten el paso de los alcaldes.

Las 3.000 Viviendas (Sevilla)
UNA PELÍCULA DE GUERRA
Por la noche las hogueras callejeras dan una luz espectral al barrio de Murillo, más conocido como Las 3.000 Viviendas. Goza del dudoso honor de ser uno de los lugares más peligrosos de España, como demuestra el hecho de que se registre una media mensual de un incidente con armas de fuego y que la policía con frecuencia tenga que desenfundar las suyas en reyertas entre los vecinos. El último de estos sucesos, a finales de mayo, se saldó con un incendio, un tiroteo entre clanes rivales y dos detenidos. En un comunicado, la asociación de vecinos de la barriada califica el incidente como “digno de una película de guerra. Lo que empezó con palos, acabó con pistolas, escopetas e incluso armas automáticas”. La lluvia de balas llegó a entrar en algunas viviendas. La asociación ha denunciado que el barrio cada vez se parece más a un asentamiento chabolista, pese a que “aquí viven muchas familias trabajadoras, que lo único que desean es vivir con dignidad”, que sueñan con que sus hijos “puedan jugar en la calle en paz, que los bloques no parezcan vertederos de basura, que no existan pisos francos para la venta de drogas y armas”.

Barcelona
LO QUE EL FÓRUM NO ARREGLÓ
La playa está arreglada, pero detrás de la fachada de restaurantes y bares hay otra realidad en La Barceloneta. Lo cuenta Ángeles Simarro, presidenta de la asociación de vecinos de La Barceloneta: “El barrio está en precario. Sólo se arregló el Paseo Marítimo y el mercado, lo que está más a la vista del turismo. Hay inseguridad porque hace seis años se llevaron la comisaría”.

Las obras del Fórum (2004) alcanzaron a mejorar otra zona marginal de Barcelona, el barrio de La Mina, desperdigando a parte de los delincuentes que lo habitaban. Pero no toda La Mina se benefició. Hoy sigue habiendo focos de venta de droga y sedes de grupos mafiosos locales en la zona. Los tiroteos entre bandas de narcos gitanos dejaron un muerto y tres heridos en 2005. Desde entonces, la presencia de los Mossos d’Esquadra se ha reforzado, sin que ello haya acabado con el narcotráfico que se ha trasladado al centro de la ciudad y a Montjuich desde que se desmanteló, en 2006, el terrible asentamiento de Can Tunis.

Palma Palmilla (Málaga)
ESCOLARES TRABAJANDO
El barrio de Palma Palmilla da la bienvenida al visitante de la Costa del Sol que llega a Málaga por el norte. Sus 30.000 habitantes –la mitad de etnia gitana– conviven a diario con las reyertas callejeras, la inmigración irregular, la escasez de patrullas de policía y el tráfico de drogas. En el gueto es frecuente la cría de gallos de pelea en las azoteas. El problema principal es la marginación infantil. El nivel de escolarización es inferior al del resto de los niños de la ciudad, asegura Francisco Vigo, presidente de la asociación local de vecinos: “Somos el barrio con más inmigrantes de Málaga, lo que origina problemas de integración. Los niños dejan el colegio a los 14 años para irse a trabajar de peones a la obra con sus padres. Tenemos mala fama inmerecida, porque aquí también hay gente honrada y trabajadora”.

Las Mil Viviendas (Alicante)
INMIGRANTES HACINADOS
Alicante es una de las capitales españolas que más explosión demográfica ha registrado por la inmigración: un 800 por ciento desde 1997, según el Observatorio Permanente de Inmigración. Pero en un solo barrio, Nuestra Señora del Carmen, o barrio de Las Mil Viviendas, la población inmigrante ha crecido el 4.000 por ciento en nueve años. Son frecuentes las guerras entre bandas. El 4 de mayo, en medio de un año en el que no han faltado tiroteos callejeros (incluso contra dos niñas en un templo evangélico en enero), mil vecinos se manifestaron. No podían más. Las cifras: un paro, por temporadas, de hasta un 35 por ciento –casi el triple de la media provincial– y un 80 de analfabetismo. Juan José García, dirigente vecinal, asegura: “Cualquier cosa que contemos parece increíble por exagerada. Hay que venir a verlo, vivirlo a diario, pero claro, aquí no viene nadie, ni la prensa”.

El Puerto de Sta. María (Cádiz)
DROGADICTOS CON 13 AÑOS
Desde los 70, la Bahía de Cádiz es una de las zonas más castigadas por la droga. En El Puerto de Santa María las barriadas de José Antonio, Los Milagros y La Inmaculada son grandes puntos de venta. Eduardo Manzanas, de la asociación antinarcos ANDAD, explica que “sólo en el barrio de José Antonio hay detectados puntos de venta de drogas en 95 viviendas. Pobreza y exclusión son la pescadilla que se muerde la cola y que crean inseguridad ciudadana”. El botellón en el parque de Calderón de la ciudad es diario desde que comenzó el verano. Y no es un problema menor: según Manzanas, “donde más droga se vende es en los botellones. Viene gente de todo Cádiz a comprar. La policía los intenta desplazar a la playa de La Puntilla”. Según ANDAD, la edad media a la que los jóvenes de la zona comienzan a consumir drogas es 13 años. Además, prevén que los problemas se agraven con la apertura de una nueva cárcel, Puerto III: la población reclusa podría alcanzar las 4.000 personas, “y muchos salen de permiso aquí. No digo que creen inseguridad, pero sí que las probabilidades matemáticas aumentan”.

Penamoa (A Coruña)
EL HÍPER DE LA DROGA
El mayor hipermercado de la droga del Cantábrico. Así califi có el año pasado la organización Médicos del Mundo al núcleo chabolista de Penamoa, a las afueras de A Coruña, donde un 42,3 por ciento de los clientes que acuden a diario compran heroína y el 30,5 consumen cocaína. El gobierno municipal tiene previsto derribar el asentamiento pero nadie en A Coruña sabe dónde serán realojadas el centenar de familias que habitan Penamoa.

Gerardo Crespo, vicepresidente de la Federación Local de Asociaciones de Vecinos de A Coruña denuncia otros problemas: “El botellón en el centro aumenta cada año, lo que provoca vandalismo generalizado”. Lugares como la plaza del Humor o los jardines de Méndez Núñez son tomados los fines de semana por jóvenes que se unen a la salida de los after hours de Orzán y de la calle de Joaquín Pintor Bahamonde.

La Línea (Cádiz)
MARIDOS EN LA CÁRCEL
Los barrios de La Atunara, los Junquillos y San Bernardo han sido lugares históricamente problemáticos. La avenida que divide La Atunara fue durante años vulgarmente conocida como “avenida de Winston Churchill”, por el trasiego de cajas de tabaco de contrabando. A esa mercancía la ha sustituido el hachís que llega en planeadoras desde Marruecos. Éste es ahora el principal problema de un barrio en el que sólo hay un colegio público. Según la asociación de las Juventudes Marianas Vicencianas, que trabaja en la zona desde hace años, “la mitad de los habitantes ha mejorado bastante su nivel de pobreza por las actuaciones de la Junta y las asociaciones, pero continúa habiendo mucho paro. Antes había más problemas de sida y drogas, con familias desestructuradas, mujeres solas en paro cuidando a varios hijos con los padres en la cárcel… Las cosas poco a poco van mejor en La Atunara y peor en Los Junquillos”.

El Arenal (Palma de Mallorca)
Robos de día, atracos de noche
El céntrico barrio de Son Gotleu es escenario de la prostitución callejera desde hace años, pero el premio en inseguridad, a pesar de que no es una zona marginal, se lo lleva últimamente El Arenal, extensa zona de playa y hoteles al sureste de Palma donde, desde 2005, bandas rumanas y búlgaras atracan a turistas. Francisco Nogales, líder vecinal de El Arenal, explica que “éste es un barrio atípico, tranquilo en invierno, terrible en verano. Hemos pedido más policía a la salida de esos locales y que se controle la inmigración en la zona. La policía no da abasto: te roban al descuido en la playa por las mañanas, y por la noche te atracan”.

Sa Penya (Ibiza)
“LOS YONQUIS GRITAN, LLORAN…”
Ibiza es algo más que sol, playa y atardeceres chill out. Su barrio más problemático es Sa Penya, donde los vecinos llevan años clamando contra la pasividad municipal ante la drogadicción, la degradación urbana y la escasa presencia policial. En la web sapenya.com se pueden leer duros testimonios. “Los yonquis se mueren, gritan, lloran, vomitan, pelean, cagan todas las noches, y ni se puede dormir”, dice Aphra Behn Galan, vecino del gueto.

Gran Canaria
NÚCLEOS DESOLADOS
Una trabajadora social de Gran Canaria describe la situación del valle de Jinámar, desolado núcleo pegado a Las Palmas: “Un alto porcentaje de la población está bajo el umbral de la pobreza. Es frecuente el tráfico de drogas. El barrio carece de bibliotecas, centros comerciales, cines. Ni siquiera un servicio de transporte fluido”. La oferta de ocio alternativo es nula, salvo una cancha de un colegio. El alumbrado es nefasto, lo que de noche acrecienta la inseguridad. La presencia de la policía en la barriada es nula. Los menores del barrio presencian la comisión de delitos como algo normal.

Lo mismo pasa en El Tablero, al sur de la isla, y en La Isleta (Las Palmas). “Ésta está particularmente afectada al ubicarse en el puerto, donde hay muchos camellos. Algunos marineros están obligados a asentarse en el puerto como ‘okupas’, ya que a veces, al desembarcar, no reciben la paga de su patrón”, cuenta la asistente social.

Tenerife
TURISTAS PENDENCIEROS
A finales de julio la Policía Nacional detuvo en Santa Cruz a tres personas que repartían drogas por bares de copas y locutorios de la ciudad, y se incautó de 1,4 kilos de cocaína y 890 gramos de heroína de gran pureza. Ha sido el penúltimo golpe policial a un negocio, el del narcotráfico, que tiene a sus más peligrosos clientes entre las bandadas de extranjeros borrachos que se divierten en el sur de la isla. El barrio de Las Verónicas, no lejos del Puerto de Los Cristianos, acumula discotecas y bares que frecuentan muchísimos turistas pendencieros. En Las Verónicas suele registrarse al menos una muerte violenta cada verano, generalmente por apuñalamiento durante alguna pelea.

El Cabanyal (Valencia)
DEGRADACIÓN EN SEIS AÑOS
No son sólo los puentes del tramo urbano alto del Turia los refugios de la marginación. Un viejo barrio marinero de casas bajas ha pasado de ser declarado Bien de Interés Cultural, en 1993, a degradarse sin remedio desde 1999. Vicente Gallard, presidente de la asociación de vecinos, explica que la zona está siendo afectada por las expropiaciones y la especulación. Un proyecto de ampliación de la avenida Blasco Ibáñez para unir el barrio con Valencia ha desplazado allí a una cuantiosa población marginal. “La zona se ha convertido –explica Gallard– en un lugar frecuente de tráfico de drogas, ocupaciones ilegales y asentamiento de clanes gitanos”. La asociación protesta por la acumulación de enseres y escombros en las aceras, los robos y, más reciente, la prostitución en casas particulares alrededor de la dársena del puerto. En el Cabanyal no causa asombro que un niño o una anciana ofrezcan droga al viandante.

Río de la Pila (Santander)
Narcomercadilos
Desde hace un par de años las zonas de copas de Santander, Laredo y Castro Urdiales se han convertido en un mercadillo donde comprar cocaína o rebujito (mezcla de coca y heroína). Los fines de semana, el barrio santanderino de Río de la Pila y la zona vieja de Laredo se convierten en narcomercadillos para los más jóvenes. Encarnación Rando, presidenta de la asociación Madres Contra la Droga de Cantabria, explica que el mal “afecta a niños bien y humildes. Empiezan juntando dinero el fin de semana para comprar un gramo entre todos y acaban enganchados. Cuando hemos advertido a la Policía nos han contestado que prefieren destinar el tiempo y los medios a pillar grandes alijos”.

Madrid, capital del riesgo
ETERNAS BARRANQUILLAS
Dos mil policías municipales han reforzado la vigilancia este verano en la Plaza Mayor, la Puerta del Sol, la Casa de Campo, Colón, Atocha, el Retiro y el aeropuerto de Barajas, lugares de gran afluencia de turistas, No ha habido tanta atención para el asentamiento marginal de Las Barranquillas, hipermercado de la droga. Hace tiempo que Las Barranquillas dejó de ser un barrio chabolista. Chabolas hay, 120, pero no residentes. La mayoría de sus propietarios ya viven en otros sitios, algunos en pisos de protección oficial, y sólo van a Las Barranquillas a trabajar en sus turnos de venta de drogas o armas. Según la Policía, de ahí sale el 70 por ciento de la droga que se consume en Madrid, unos cuatro kilos diarios de cocaína y heroína. Siete familias se reparten el negocio en unas 30 chabolas, de las que cinco suministran coca y heroína las 24 horas del día. Por allí pasan a diario entre 2.000 y 3.000 personas, sobre todo los jueves y viernes, cuando acuden pequeños camellos para comprar lo que distribuirán el fin de semana. Otras familias se dedican a alquilar chabolas a traficantes a 800 euros la semana. En un año la policía ha llegado a detener a 111 personas en Las Barranquillas en 30 intervenciones. Pero ni PP ni PSOE han eliminado el asentamiento.

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